OCÉANOS
Se denomina océano a la parte de la superficie terrestre ocupada por el agua marina. Se formó hace unos 4000 millones de años cuando la temperatura de la superficie del planeta se enfrió hasta permitir que el agua se encuentre en estado líquido. Los océanos son grandes masas de agua que rodean a los continentes. Predominan en el Hemisferio Sur, por lo cual se le ha llamado Hemisferio Oceánico. La Tierra tiene una superficie de 510 millones de Km2. De éstos, 149 millones de km2 corresponden a las tierras emergidas y 361 millones de km2 a las aguas. La mayoría de las tierras emergidas se encuentran en el Hemisferio Norte, por lo que también se le conoce como Hemisferio Continental. Los océanos son cinco: el Océano Pacífico es el más extenso, ocupa una superficie de 175 millones de Km2. Le siguen en tamaño el Atlántico (82 millones de km2), Indico (73 millones de km2), Glacial Ártico (14 millones de km2), y Glacial Antártico (14 millones km2).
Los océanos tienen una gran influencia sobre la temperatura y son un factor importante en las variaciones climatológicas, que a su vez originan diferencias en los suelos y en la vegetación natural. Los océanos constituyen la fuente principal para el ciclo hidrológico. Asimismo, los océanos proporcionan grandes cantidades de alimentos y materias útiles para el hombre, como, por ejemplo, metales y sal.
En los océanos, casquetes polares y glaciares se encuentra el 99.35 % del total de agua que hay en la Tierra. El resto se encuentra en diversas formas en que se manifiesta el agua en el planeta. Esta pequeña parte de agua se encuentra en los grandes ríos y lagos, mares internos, arroyos, manantiales, estanques, pozos, charcos, pantanos y lodazales, la nieve y el vapor de agua de la atmósfera, el agua que corre subterráneamente por desagüe es y presas, la nieve y el hielo de las montañas, la humedad de la tierra y la parte más importante que son las aguas subterráneas que alimentan arroyos y ríos. El 97 % de la pequeña parte de agua utilizable por el hombre (0.65 % del total) corresponde al agua subterránea.
Los océanos, en peligro: El cambio climático afecta a la vida marina
Un estudio elaborado por expertos en la vida marina viene a constatar que los peligros medioambientales que acechan a los océanos no se acaban en la contaminación por la acción directa del hombre sobre el mar. Las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático, o sea el calentam,iento global y el oscurecimiento del calentamiento global, tienen también un efecto letal sobre muchos organismos marinos de gran importancia ecológica y económica, al provocar una mayor acidificación de las aguas de lo previsto.El Grupo de Trabajo de la Royal Society de Londres sobre la acidificación oceánica (Ocean Acidification Due to Increasing Atmospheric Carbon Dioxide, june 2005), si no se emprenden acciones para reducir la entrada de CO2 en la atmósfera, por consiguiente, también en los océanos, el pH del agua marina se puede reducir en 0,5 unidades a finales del siglo XXI.
Sentencia de muerte
Según los científicos de este Grupo de Trabajo, este cambio en la acidificación del agua supondría la sentencia de muerte para muchos organismos vivos de gran importancia para la flora marina y para la cadena alimentaria en el fondo del mar. Si hoy por hoy ya sufren los efectos del cambio climático, el panorama que les espera debido a la alteración en la acidificación de los océanos es más bien pesimista.
Entre otras consecuencias, se verían afectados algunos planctónicos, que contribuyen a la producción primaria de los océanos, así como una serie de moluscos cuyas aglomeraciones son uno de los alimentos preferidos de las ballenas. Pero, sin duda, los organismos más afectados serían los corales formadores de arrecifes, en especial en aguas superficiales y cálidas. Sus esqueletos tendrían menos posibilidades de mantenerse intactos en aguas más ácidas, y la gran biodiversidad que albergan acabaría también perjudicada.
PROCESO DE ACIDIFICACION DEL AGUA
Pero, ¿cómo se produce la acidificación del agua? Desde que se inició la Revolución Industrial la acción del hombre ha inyectado en la atmósfera 450.000 millones de toneladas de dióxido de carbono y la mitad de ellos ha ido a parar a los océanos, con el consecuente aumento de la acidez del agua marina. El resultado de esta actuación humana es el conocido efecto invernadero y el cambio climático asociado a él.
El dióxido de carbono se disuelve muy bien en el agua, hasta el punto en que su concentración es alrededor de mil veces mayor que en la atmósfera. Por tanto, un mayor incremento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera supone también una mayor entrada de este gas en las aguas naturales. De hecho, los océanos podrían ser un excelente almacén para introducir el exceso de este tipo de contaminación en el aire. Sin embargo, el problema reside en el hecho de que este proceso tiende a acidificar en exceso las aguas marinas.
El potencial de hidrógeno o pH es la medida de alcalinidad o acidez de una solución acuosa. Las aguas naturales no llegan a alcanzar nunca valores extremos y en el mar el pH suele ser más bien ligeramente alcalino y bastante constante. Sólo suele alterarse precisamente por el efecto de la excesiva concentración de dióxido de carbono.
El dióxido de carbono se disuelve muy bien en el agua, hasta el punto en que su concentración es alrededor de mil veces mayor que en la atmósfera. Por tanto, un mayor incremento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera supone también una mayor entrada de este gas en las aguas naturales. De hecho, los océanos podrían ser un excelente almacén para introducir el exceso de este tipo de contaminación en el aire. Sin embargo, el problema reside en el hecho de que este proceso tiende a acidificar en exceso las aguas marinas.
El potencial de hidrógeno o pH es la medida de alcalinidad o acidez de una solución acuosa. Las aguas naturales no llegan a alcanzar nunca valores extremos y en el mar el pH suele ser más bien ligeramente alcalino y bastante constante. Sólo suele alterarse precisamente por el efecto de la excesiva concentración de dióxido de carbono.
EL AGUA DE LLUVIA, PRINCIPAL SUMINISTRADOR
El agua de lluvia, que normalmente es ligeramente ácida, puede incrementar su acidez en grados preocupantes en función de la contaminación atmosférica con óxidos de azufre, cloro y fluor, entre otros elementos, que al combinarse con el agua forman ácidos que hacen bajar el pH del agua, con importantes consecuencias negativas para las plantas terrestres y para los organismos acuáticos de países con aguas blandas. Llegados a este punto, sólo cabe constatar que el agua de lluvia es el principal suministrador de acidez a los océanos.
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